“Manejo las riendas de mi carromato, pero mi caballo corre desbocao”
Tonino Caratone (Celebre músico español conocido en su casa a la hora de comer)
Bueno, por dónde empezar… Hora prevista de salida ocho de la mañana. Cuando llego a la Plaza Chica mis compañeros de salida (Pedro, Juan Pedro y Javier Altaria) me están esperando, en las caras se refleja el desasosiego que produce una etapa como la que hay que afrontar hoy. Tenemos por delante 170 kilómetros con un desnivel acumulado de 2.300 metros, he visto etapas del Tour, que con menos desnivel hacen verdaderas escabechinas en la clasificación general. Pero esto no es el Tour y somos conscientes de lo que tenemos por delante.
Con las lógicas precauciones y consignas básicas (precaución, prudencia, cabeza fría, buena cadencia) para afrontar dicha kilometrada nos ponemos en marcha dirección Alguazas, Campos del Río y Albudeite donde tenemos que superar la primera subida de cierta entidad de la jornada, la cual enfrentamos en grupo compacto ¡qué raro! Pero así es.
Una vez superado el Alto de Albudeite, encaramos nuestras monturas dirección a Pliego, vamos llaneando, disfrutamos del maravilloso paisaje primaveral y entre comentarios de cómo pedir los calcetines, lo guapo que se ha quedado el compact que ha colocado Pedro en su bici, vamos devorando kilómetros y casi sin darnos cuenta estamos a los pies del Puerto de Pliego, lo comenzamos con viento en contra en sus primeras y más despejadas rampas, aunque conforme nos vamos metiendo en el monte el viento deja de molestar.
Pedro y yo decidimos hacer la subida con cadencia, tenía que ir asimilando las sensaciones del compact y a mí me venía bien tomar la etapa con buena cadencia y no subir mucho de pulsaciones. Mientras por delante Altaria y Cacaíto decidieron colgar un jamón en la cima que fue a parar a manos del célebre colombiano.
Una bajada rápida y vuelta a subir sin margen de continuidad el Alto de Espuña, la estrategia no cambia Pedro y yo a lo nuestro y ellos a jugarse el jamón, que también va a parar a Cacaíto, yo no sé cómo puede subir este tío con tantos jamones en los bolsillos del maillot.
Después de la subida aprovechamos para relajar un poco mientras echamos mano de nuestro avituallamiento, en salidas como estas no hay que descuidar comer y beber con regularidad. También comprobamos de forma alarmante que el día se presentaba caluroso, como anunciaban todos los pronósticos, no solo era caluroso sino muy caluroso, los cuarenta grados nos fueron rondando constantemente. De esta guisa nos dispusimos a subir la Marina vía Berro, en el cruce había un nutrido grupo de ciclistas que al vernos pasar se animaron y volvieron a subir en sus bicis para seguirnos. Del nutrido grupo solo pudieron coger nuestra rueda cuatro miembros. Para no cansaros mucho la táctica fue la misma que en los puertos anteriores, con la salvedad que dos gallitos del grupo que pasamos se unieron a Juan Pedro y Javier y otros dos se quedaron con Pedro y conmigo. El Berro lo superamos como balas aun habiendo un mercado por medio y comenzamos a afrontar las duras rampas posteriores a la salida de esta población.
Al llegar al cruce de las Cuestas del Marques nuestros compañeros cogieron la bajada por las mismas y el valeroso CC La Alcayna-Altorreal a terminar la subida de la Marina, ya los cuatro reagrupados.
Llegamos a la Fuente del Hilo (fin de la ascensión) con las mismas posiciones: Cacaíto y Altaria. Decir que a estas alturas el calor ya comenzaba a hacer mella en algunos de nosotros; quién más sufrió sus estragos fue Pedro que unido a la parada en la Fuente del Hilo a cargar agua que le hizo perder ritmo y el dichoso compact que varia los desarrollos a los que estas habituado durante años le hizo comenzar a subir Collado Bermejo con el Tío del Mazo rondándole. Pero aun así él para arriba como un valiente, pusimos una cadencia cómoda para los dos, mientras en las alturas veíamos a Javier, Juan Pedro iba mucho más adelante y le habíamos perdido de vista hacia tiempo.
En cuanto al orden de llegada en el Collado Bermejo, Cacaíto (que ya se empieza a aburrir de no tener competencia en la montaña) seguido de Altaria.
Reagrupación, fotos de rigor y vertiginosa bajada del Collado por la cara de Aledo, a continuación tras la bajada, carretera pestosa que te mina las fuerzas más que la subida que habíamos terminado. Si a esto le unimos un desagradable y cálido viento en contra que en algunos momentos llegaba a quemar, hacía que los cuarenta grados parecieran muchos más. La tan traída y llevada sensación térmica. Todo esto unido a una falta de compenetración en los relevos, llego a crear cierto nerviosismo en el grupo por las distintas maneras de ver el ciclismo. Para uno lo importante son las medias machacándose en todo momento, mientras para otros, lo es hacer un entrenamiento de calidad, terminando lo más entero posible y con ganas de subir en la bici al día siguiente.
Así de entretenidos llegamos a Casas Nuevas, donde teníamos planeada la parada de reabastecimiento: Coca Cola rápida, agua para llenar los bidones y otra vez en la bici. Reanudaos la marcha con la intención de que Javier sea quien tire del grupo (él va más entero) con ciertos relevos de Juan Pedro, mientras Pedro y yo nos acoplamos a rueda. Pero el entendimiento dura poco, antes de llegar a Pliego ya estamos liados, Pedro lleva una pájara durante muchos kilómetros, vamos que se han hecho amigos, se llama Espolón y este se le ha subido al lomo y va tan bien que no se quiere bajar. Con tal coyuntura se debe llevar un ritmo constante que sea cómodo para el más lento hoy del grupo, si vas incrementando el ritmo, vas obligando al que te sigue a rueda a forzarse más de lo necesario, con el efecto contrario al deseado. Antes de llegar a Mula otro pequeño conato de motín que vamos sorteando con buen criterio por parte de todos.
Llegamos a Yéchar con la misma discusión, pero parece que por fin todos llegamos al acuerdo de poner un ritmo cómodo para todos y en buena armonía llegamos a Molina, allí nos dividimos, Javier mete la directa; su hijo le espera en casa ansioso para comer, ya son las dos y media.
Juan Pedro y yo decidimos acompañar a Pedro a Altorreal subiendo por la carretera del Chorrico, en cuya gasolinera decidimos hacer la última parada para rellenar bidones. Cosa que me vino fatal, ya que al ingerir directamente la bebida fría me produjo un bajón de tensión que me obligó a sentarme un rato para recuperar el riego sanguíneo.
Y ya sin más incidencias pudimos dejar a Pedro en casa y nosotros volver hacia la Alcayna.
Resumiendo; jornada dantesca por el calor reinante. Hemos descubierto a un valiente ciclista, que ha sabido superar un día adverso con recursos de profesional. Se ha confirmado que tenemos un escalador de muy buen nivel en el grupo. Y que en ciclismo, el grupo es muy importante. Confío en que sepamos converger las individualidades para fortalecer el conjunto.