jueves, 12 de mayo de 2011

YO TAMBIEN HAGO BICI

Con esta afirmación, comienzan una buena cantidad de conversaciones. Pero ¡qué diferente suele ser la continuación!
La última vez me lo dijo una chica muy contenta por los 10 o 15 km que hacía cada domingo. Cuando me preguntó cuántos solía hacer yo, me limité a decirle que unos pocos más; me dio una especie de vergüenza hablarle de batallitas como la Quebrantahuesos.
En el otro extremo, está una compañera de trabajo que, después de la misma frase, me explicó que hacía triatlones de larga distancia y se estaba preparando para el Ironman. O el socio de mi club que está preparando una "excursión" para subir los puertos más altos del Himalaya.
También estàn quienes viajan en bicicleta con alforjas, los jovencitos que aspiran a profesionales y hasta los practicantes del spinning. Conozco ciclistas que siempre salen solos y otros que siempre salen acompàñados. Algunos parecen modelos de un catálogo de últimas novedades, mientras que otros se diría que acaban de salir del NODO.
Incluso en un ámbito que podría parecer más homogéneo como es un club ciclista, podemos encontrar maneras de hacer bici que van desde los que planifican sus salidas dominicales en función de la calidad y precio del bar en el que piensan almorzar, hasta los que no paran nada porque necesitan hacer muchisimos quilómetros para hacer un buen papel en las marchas.
Algún día de Julio, después de salir en bicicleta, me he sentado en el sofá a mirar el Tour y me he preguntado que tengo en común con esos chicos que veo en la tele. Con algo de optimismo puedo encontrar un cierto parecido entre sus bicicletas y la mía, o entre su manera de vestir y la que yo uso, pero ahí acaba todo. Ellos, por más que les guste su trabajo, se ganan la vida pedaleando y yo sólo lo hago en mi tiempo libre. Y prefiero ni pensar en su índice de masa corporal y el mío.
Tampoco coincido en muchas más cosas con los que tienen licencia de cicloturista, como yo, pero acaban las marchas en la mitad del tiempo que me cuesta a mí. Yo, que desde que se me acabó la pila del pulsómetro hace 2 o 3 años, la manera que tengo de saber que he traspasado el umbral anaeróbico es que ya no puedo seguir charlando.
Entonces, ¿A qué tipo de ciclista me parezco?. Si se trata de clasificar a los practicantes de nuestro deporte, no tengo muy claro con quien me identifico más.
Me podría fijar en las distancias que recorro, en las velocidades que consigo, en los desarrollos que uso en los puertos, o en los días que entreno al cabo del año, pero no me acaba de servir. ¡Alto ahí! ¿He dicho entreno? Quizás esté ahí la clave. No sé si aplicar ese verbo a lo que yo hago. Miro el diccionario: " Entrenar. Preparar, adiestrar personas o animales, especialmente para la práctica de un deporte."
Veamos, yo soy una persona y supongo que sí que me estoy preparando para la práctica del deporte. Pero no es ese ni el mayor objetivo ni el principal beneficio que obtengo de mis pedaladas.
Sobre la bicicleta he aprendido a vencer dificultades, a confiar en mis fuerzas y a valorar más las cosas que consigo con mi esfuerzo. También, con alforjas o sin ellas, he conocido lugares que he visto con ojos muy diferentes que si hubiera llegado en coche.
Creo que la bicicleta es un gran invento, que además de su faceta de medio de transporte, tiene unas enormes posibilidades para que cada uno la disfrute según sus gustos. Me encanta la posibilidad que me ha dado de conversar con gente que la utiliza de forma muy diversa.
Pero si me tengo que decidir, yo seré del tipo de ciclistas capaces de ir cantando "Rodando voy, rodando vengo, por el camiino yo me entreteengo".

Pedalier nº1
Marzo, 2005
Enviat per Maria Fuster Foz a 7:46 PM 0 comentaris

No hay comentarios:

Publicar un comentario